miércoles, 24 de noviembre de 2010

Don Juan. Wolfgang Amadeus Mozart





"No sabría decirte lo que me pasa. Es algo así como un vacío que me hace sufrir, una nostalgia incurable, un deseo jamás satisfecho que no me da respiro y que incluso siento aumentar de día en día"
Mozart a su esposa Constance.

Este "vacío" romántico que vierte en el personaje de Don Juan, insaciable de amor, es en su caso la inquietud creadora, la perpetua insatisfacción del artista, el presentimiento de una belleza inasible que, una vez contemplada por el propio genio, no puede ser representada, porque las dimensiones y las formas escapan a las facultades de expresión del lenguaje humano.

Comprendemos entonces el más elevado simbolismo de Don Juan, que acaso el propio Mozart no tuvo conciencia de haber captado. El drama del seductor es, esencialmente, el del artista. El creador de formas, de imágenes, de armonías, es siempre un cazador que trata de alcanzar y aprehender los más hermosos pájaros del bosque encantado por donde se le permite pasear. Seduce a estas criaturas aladas, etéreas, espirituales, a fin de encerrarlas en sus cuadros, en sus poemas, en sus sinfonías.

Puede que porque comparaba a este cazador, horas antes de su muerte tarareaba los primeros compases del aria que da entrada a papageno en el primer acto de la flauta mágica: "El cazador de pájaros soy yo..." En otro plano, también Don Juan es el cazador, y cabe imaginar que, de la misma manera que los pájaros mágicos se extinguirán en manos humanas y perderán su colorido y su canto, el "cazador de pasiones"  no siente más que falta de saciedad y decepción.


Marcel Brion  [2OO6]

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Sin un solo paso más allá de la puerta Puedes conocer el Mundo. Sin una mirada hacia la ventana Puedes ver el color del cielo. Cuanto más experimentas, menos sabes. El sabio vagabundea sin conocer, Mira sin ver, Alcanza sin actuar